A más de cinco décadas del montaje que buscó encubrir la desaparición forzada de 119 personas en nuestro país, investigaciones han demostrado que esta maniobra también sentó las bases para la colaboración internacional entre las dictaduras sudamericanas para perseguir opositores políticos y ocultar graves violaciones a los derechos humanos.
En el marco de los 51 años de la Operación Colombo, resulta fundamental recordar que este montaje no solo buscó encubrir la desaparición forzada de 119 personas, sino que también marcó uno de los primeros hitos de la coordinación represiva internacional entre las dictaduras del Cono Sur. A más de cinco décadas de estos hechos, las investigaciones históricas y judiciales han permitido comprender que la operación trascendió el ámbito comunicacional y se convirtió en un antecedente de los mecanismos de colaboración que pocos meses después serían formalizados mediante el Plan Cóndor, una red destinada a perseguir, secuestrar y hacer desaparecer opositores políticos más allá de las fronteras nacionales.
Desarrollada en julio de 1975, la Operación Colombo consistió en un montaje organizado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) para encubrir la desaparición forzada de 119 opositores políticos, principalmente militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Para ello, la policía secreta chilena utilizó publicaciones extranjeras ficticias, como la revista “Lea” en Argentina y el periódico “O Dia” en Brasil, que difundieron la falsa versión de que estas personas habían muerto en enfrentamientos entre grupos de izquierda fuera de Chile. La maniobra buscó desviar la atención sobre las crecientes denuncias por detenciones clandestinas y desapariciones forzadas cometidas por la dictadura de Augusto Pinochet.
Su vínculo con el Plan Cóndor radica en que este montaje sólo fue posible gracias a la colaboración entre organismos de inteligencia de distintos países de Latinoamérica. La utilización de medios de comunicación supuestamente argentinos y brasileños, junto con la coordinación entre aparatos represivos para construir una narrativa común, anticipó los mecanismos de cooperación que meses después serían utilizados mediante el Plan Cóndor. Este sistema formalizó la coordinación entre las dictaduras de Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y, posteriormente, Brasil, con el objetivo de intercambiar información, perseguir opositores políticos más allá de las fronteras nacionales y ejecutar secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos de manera conjunta.
El caso de Guillermo Roberto Beausire Alonso ilustra con especial claridad la dimensión internacional que alcanzó la represión ejercida por la DINA. Beausire, ciudadano chileno-británico y sin militancia política conocida, fue detenido el 2 de noviembre de 1974 mientras hacía escala en el aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, cuando viajaba rumbo al Reino Unido. Tras ser arrestado por autoridades argentinas, fue entregado a agentes chilenos y trasladado clandestinamente a Chile, donde permaneció detenido en recintos como José Domingo Cañas, Villa Grimaldi y Venda Sexy, antes de desaparecer.
Este caso provocó una intensa gestión diplomática del Gobierno británico, que durante años exigió explicaciones a la dictadura chilena por la desaparición de uno de sus ciudadanos. La captura de Beausire en territorio argentino, su traslado ilegal a Chile y la colaboración entre organismos de seguridad de ambos países constituyen uno de los ejemplos más tempranos de la coordinación represiva transnacional que caracterizaría al Plan Cóndor.
En este contexto, la Operación Colombo y otras maniobras impulsadas por las dictaduras latinoamericanas constituyeron no solo una estrategia de desinformación, sino también un antecedente de la coordinación represiva transnacional que marcaría al Cono Sur. Estos mecanismos evidencian cómo los regímenes autoritarios combinaron la violencia clandestina, la propaganda y la colaboración internacional para encubrir crímenes de lesa humanidad y asegurar la impunidad de sus responsables.

