Para Patricia Peña Solari

Te recuerdo en las interminables noches de
Claudio
trabajo por la causa, descifrando el Rebelde de
esos textos en microfilms, a veces tan ilegibles
que teníamos que poner de nuestra cosecha
para darles forma y contenido; te recuerdo con
las manos entintadas, acariciándonos después de
la reproducción de 200 o 300 ejemplares de
nuestro periódico clandestino, que eran
saboreados por todos los que buscaban alguna
información en los días más oscuros de la
dictadura.
El amanecer nos encontraba
cansados, y tú te callabas por largas horas, quizás
pensando como seguir.
Tomabas el piano y
Mozart o Chopin invadían el espacio y nada
decías.
Me encantaba, me dormía y volvía y ahí
estabas nuevamente, dulce como siempre, el
amor, la reunión, el Rebelde y el regreso al
pentagrama.
La tarde de diciembre 8 nos
despedíamos como todos los días.
