En su libro Sobreviviente Feliz, Lucrecia Brito nos brinda un canto a la vida, enfrentando con otro latir experiencias de frustraciones, derrotas y represiones por las que Lucrecia transitó a través de sus historias, prodigiosa en su amor a la vida y su entrega profundamente apasionada en cada día de su existencia
En el recorrido de su vida vemos surgir su felicidad resistente. Lucrecia da la lucha y le gana al dolor, a la persecución, al desarraigo y el desamor.
Lucrecia es una mujer que construye realidades con tesón y optimismo irradiando su dichosa existencia, como cuando estudiaba enfermería de guerra en la Cruz Roja, o cuando nos habla de su primer amor con un artista de su misma juventud. Lucrecia profesó su fe en la iglesia comprometida con la justicia y solidaridad con los mas pobres y oprimidos de la tierra.
Embarazada de seis meses, fue secuestrada siendo objeto y testigo de torturas y violaciones de mujeres maniatadas en Villa Grimaldi.
Al tiempo fue trasladada al Campo de Prisioneros de Tres Alamos, en avanzado estado de gestación, dio a luz a su hijo Alejandro, quien creció con el amor de su madre encarcelada y de sus compañeras de prisión.
En una restringida libertad dictatorial, ya fuera de prisión, el peligro la acechaba sin cesar, embarazada de su segunda hija se vio en la demanda de marchar al exilio residiendo por largos años en Francia formando parte de grueso contingente de exiliados latinoamericanos.
Lucrecia es una reconocida activista social y de los Derechos Humanos, así como del cuidado de nuestro entorno territorial y marino, compartiendo su amor por las aguas del Pacífico y de Valparaíso a profundidad.
Texto: Alejandra Holzapfel
